
Muevo mis brazos al gritar y cierro mis ojos al llorar. Consigo embadurnar mi ser de movilidad, un día la cebolla va a encestar y caerá fruta, manjar del mar y de la prosperidad. Irreal la cirugía del melocotón, lo siento doña por el pisotón. Y si no pregúntenle al mamón egoísta o al que no veía más allá que el simple por supuesto de sus años. Nunca surgirá el odio, por mi propia seguridad de que no caiga la tempestad. Quien tiene pata de mesa se penetra.